Gilberto Agudelo: el líder sindical que no llegó a la marcha del 1 de mayo del 2000

May 1, 2026 | Artículos Periodísticos

La violencia política en Colombia también ha tenido como escenario las universidades públicas, donde ser trabajador, profesor o líder sindical ha significado, en muchos casos, vivir bajo amenaza y, para algunos, la muerte. Por eso, en el Día Internacional de los Trabajadores, recordamos a un incansable defensor de la universidad pública y de la dignidad humana. 

El rostro de Gilberto Agudelo Martínez vive en un mural ubicado en el bloque administrativo de la UdeA. | Foto: UdeA.

Por Melissa Salazar Calle

Gilberto Agudelo Martínez era trabajador de la Universidad Nacional, sede Medellín, y presidente nacional del Sindicato de Trabajadores y Empleados Universitarios de Colombia (Sintraunicol), además de dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Era el padre de tres hijas, esposo e hijo. 

A sus 50 años, Gilberto ya llevaba décadas defendiendo los derechos laborales de los trabajadores en las universidades públicas del país, en uno de los periodos más violentos para el movimiento sindical en Colombia. El 6 de abril del 2000 desapareció mientras viajaba hacia Bucaramanga, para cumplir compromisos sindicales en la Universidad Industrial de Santander.

Nunca llegó a su destino.

Colombia atravesaba entonces uno de los momentos más duros de su historia reciente. A finales de los años noventa y comienzos de los 2000, el país era considerado el lugar más peligroso del mundo para ejercer el sindicalismo. Cada año eran asesinados entre 150 y 200 dirigentes y afiliados sindicales, en medio de un conflicto armado que convertía la defensa de los derechos laborales en una actividad de alto riesgo. 

El 1 de mayo del año 2000, mientras en distintas ciudades del país los trabajadores marchaban y salían a las calles a conmemorar y exigir sus derechos, Gilberto no apareció. Para entonces, su ausencia ya empezaba a sentirse como una mala señal. Luego no llamaría ni el Día de la Madre. Tampoco el día del cumpleaños de su hija Liliana.

Ese silencio, en un hombre que había dedicado su vida a la organización y a la palabra, no era habitual.

Durante semanas, su familia esperó. Su esposa, Nelly, con quien había compartido 24 años de vida y tres hijas, recuerda esos días como el inicio de una incertidumbre que no imaginó tan larga. El 7 de junio comprendió que algo grave había ocurrido, aunque la sospecha venía desde antes: Gilberto no era un hombre que desapareciera sin avisar. Faltar a la marcha del Día Internacional de los Trabajadores era, en sí mismo, una ruptura.

Las evidencias apuntan hacia los grupos paramilitares. Las Autodefensas Unidas de Colombia habían amenazado al sindicato que él presidía desde 1998. En un país donde miles de sindicalistas fueron perseguidos, desplazados y asesinados, el nombre de Gilberto  se sumó a una lista que creció en silencio e impunidad.

Pasaron cinco años sin respuestas. Cinco años en los que su esposa Nelly, familia y compañeros del sindicato y la universidad vivieron un duelo suspendido en el tiempo y lleno de incertidumbre y sin información de su paradero.  

En junio de 2005, la incertidumbre terminó de la forma más dura. Un boletín del CTI confirmó que los restos de Gilberto Agudelo habían sido hallados en una fosa en zona rural de Matanza, Santander. Excombatientes de las AUC habían entregado la información. Su cuerpo fue exhumado en mayo de ese año y finalmente entregado a su familia.

«Yo soy de los trabajadores y por ellos muero», decía Gilberto cuando empezaron a rondar las amenazas y panfletos. Hoy, su nombre permanece en el bloque de Mantenimiento de la Universidad Nacional, sede Medellín. También en la memoria de quienes lo conocieron y en la historia de un país que, en aquellos años, convirtió la defensa de los derechos laborales en una actividad marcada por el riesgo y la muerte.

Este 1 de Mayo, recordamos a Gilberto, honramos su entrega, liderazgo, su vida. Un trabajador que creyó en la organización, en la dignidad y en la posibilidad de un país más justo para los trabajadores. Como afirma Luis Norberto Lopera, antiguo compañero y amigo sindicalista: “Gilberto está y estará siempre en nuestras luchas. Seguimos su huella como la de un compañero consecuente con los procesos de liberación de este pueblo subyugado. Gilberto vive”.