El profesor Daniel Higuita sigue desaparecido, exigimos avances en la investigación sobre su paradero

Feb 19, 2026 | Artículos Periodísticos, Editorial, Sin categoría

Ya son tres meses sin saber el paradero del profesor de la Universidad de Antioquia y el Instituto Tecnológico Metropolitano. Desde la Unidad Especial de Paz, indagamos sobre quién es el docente, familiar y amigo, mientras exigimos sostener su búsqueda.

Daniel Fernando Higuita fue visto por última vez el 19 de noviembre de 2025. | Foto: Cortesía de la familia.

Redacción Unidad Especial de Paz

El profesor Daniel Fernando Higuita Borja, docente de la Universidad de Antioquia y el Instituto Tecnológico Metropolitano, cumple tres meses desaparecido. Desde el 19 de noviembre no se sabe dónde está. Lo que hay son rastros incompletos, hipótesis abiertas y una familia que ha tenido que asumir, casi sola, la búsqueda.

Daniel creció en Medellín, después de que su familia fuera desplazada de una vereda de Abriaquí cuando eran niños. Es el mayor de tres hermanos. El 31 de diciembre cumplía 40 años. Durante trece años vivió en México, donde hizo maestría, doctorado y posdoctorados en Física. Allá formó una familia. Hace tres años, tras la muerte de su pareja, regresó a Colombia con su hija de ocho años.

“Él quedó siendo un papá soltero en un país donde no tenía como esa red familiar… ya tomó la decisión de venirse para Colombia porque nosotros éramos quienes podíamos apoyar con la niña”, cuenta su hermana Leidy. Desde entonces vivían en un edificio familiar: un piso para los padres, otro para una hermana, otro para Daniel y su hija. “Hicimos juntos, pero no revueltos”, dice ella. Era un padre presente. “Él hacía absolutamente todo… era 100% papá”.

En lo profesional, Daniel era astrofísico. Trabajaba en temas de relatividad general, gravitación y física matemática. Un colega lo describe así: “Daniel aparte de todo es una persona muy humilde y muy generoso… era muy accesible, muy paciente”. No solo enseñaba; acompañaba procesos. “No tiene ningún problema en sacar tiempo para los estudiantes”.

La desaparición ocurrió el 19 de noviembre, cuando la familia viajó a Uramita para el entierro de la abuela. Daniel decidió devolverse por una moto para poder regresar a Medellín a dictar clase. “Yo no me puedo quedar, los muchachos están en parciales… yo tengo que dar clase mañana a las 8 de la noche”, le dijo a su papá.

A las 5:50 p.m. llamó para avisar que ya había tanqueado y que salía hacia la vereda. Fue la última comunicación directa. Más tarde, alrededor de las 6:50 p.m., su novia marcó su celular. “Ella dice que le contestaron, pero que solo se escuchaba como el viento”, relata Mariano, su amigo más cercano.

Daniel vestía impermeable gris, camiseta gris, sudadera negra y botas. Llevaba un bolso negro con sus pertenencias. Nunca llegó. Al día siguiente comenzaron a buscarlo por la ruta que debía recorrer. No encontraron la moto. No encontraron el cuerpo. Lo único que apareció fueron objetos que iban dentro del baúl del vehículo, ubicados al borde de la carretera, cerca de un abismo que da al río.

Desde el inicio se manejó la hipótesis de un accidente. La familia buscó durante más de quince días río abajo, con apoyo limitado de bomberos y con recursos propios. “Ni moto, ni pertenencias, no encontramos nada”, dice Leidy.
Con el paso de las semanas, la hipótesis del accidente empezó a debilitarse. Investigadores del mecanismo de búsqueda urgente les indicaron que en el lugar no había evidencia clara de siniestro vial. “Por investigación ya nos dijeron que no fue un accidente de tránsito y que los documentos fueron implantados”, afirma su hermana.

Además, la última llamada registrada no coincide con el punto donde aparecieron los objetos. La familia ha solicitado la triangulación del celular. “Necesitamos triangular esa última llamada… porque no coincide con el lugar donde se encontraron los documentos”. Según cuentan, la empresa de telefonía ha negado información sin orden judicial, y aún no hay juez asignado al caso.

En la zona tiene presencia el Clan del Golfo. La Fiscalía maneja como hipótesis que pudo haber sido confundido y retenido por un grupo armado, aunque no existe confirmación. Mientras tanto, la familia vive en una espera que no se deja ordenar. La hija de Daniel, que apenas tiene 8 años, no pregunta. “No nos habla, no nos pregunta… fue como la misma actitud que tomó con su mamá”, dice Leidy. La niña se apoya en su prima de diez años. Cuando las adultas lloran, ella las abraza.

En la universidad, estudiantes y colegas siguen preguntando por él. “Muchos se han estado preguntando qué se sabe”, dice Mariano. Daniel estaba dirigiendo trabajos de grado y participando en un seminario académico que ayudó a consolidar.

Tres meses después, la pregunta sigue abierta: ¿dónde está Daniel Higuita? Su familia exige avances reales en la investigación, la asignación efectiva de un juez, la autorización para acceder a la información clave del celular y el fortalecimiento de un comité interinstitucional que sostenga la búsqueda.