En una búsqueda permanente por la paz, hacer homenaje a las vidas que la defendieron y aportaron a ella es fundamental.

Padre Javier Giraldo | Foto: Manu Chacón

Por Lorena Tamayo Castro

Hoy Colombia despertó con la noticia del fallecimiento de Javier Giraldo, el sacerdote jesuita que se dedicó a la defensa de los derechos humanos, la exigencia de justicia, memoria y escucha a las víctimas del conflicto armado. Su legado perdurará para que como él mismo lo dijo: “La fe, desde la acción comprometida, permita seguir soñando que es posible lo que nos han hecho creer imposible”.

Parte de su vida la dedicó a escribir, letras que hoy inmortalizan sus posturas, investigaciones y denuncias. Decidió salirse del renglón y escribir lo que la sociedad pretende tachar, textos no a mano alzada sino con el puño manchándose de tinta, pues no miró la historia desde afuera sino que la vivenció y a partir de esta sensibilidad, escuchó y nombró las realidades propias y de su pueblo.

Desde un cristianismo comprometido, su sacerdocio estuvo lejos de limitarse a los espacios tradicionales de la Iglesia. Su lugar de encuentro con el evangelio también fueron las comunidades campesinas, las y los familiares de las víctimas, las personas desplazadas, las y los defensores de derechos humanos y quienes seguían demandando y esperando verdad y justicia. 

Entre ellas, la Comunidad de Paz de San José de Apartadó ocupó un lugar especialmente significativo. Giraldo acompañó este proceso desde antes de su conformación en 1997, respaldando la defensa de sus derechos, denunciando las violencias cometidas contra sus integrantes y contribuyendo a mantener viva la memoria de quienes fueron asesinados. Su trabajo permitió además que la experiencia de la Comunidad, su apuesta por la neutralidad, la dignidad y la defensa de la vida, trascendiera el territorio y fuera conocida en escenarios nacionales e internacionales. 

Desde la teología de la liberación, inspirado en Camilo Torres, a quien admiró y siguió en su legado; siguiendo con su corriente jesuita con los pobres y por los pobres; y además con la convicción de investigar las injusticias a partir de su participación en el Centro de Investigación y Educación Popular CINEP, deja un aporte invaluable a la reflexión frente a la paz y la justicia en el país.

Recordar, en la obra de Javier Giraldo, nunca fue mirar hacia atrás, fue una manera de defender el porvenir. Escribió que una sociedad no puede construir justicia hacia el futuro mientras evita enfrentar la impunidad del pasado. Palabras que hoy se vuelven homenaje para los movimientos alrededor de la memoria, la paz y las víctimas.

Para Eberhar Cano Naranjo, integrante del Colectivo Komuni (Memorias y Archivos Militantes), Javier Giraldo era una persona fundamental para los procesos populares y para la transformación del país: “es triste perderlo en un momento de país que necesita tantos referentes éticos”, afirma mientras menciona que será importante recordarlo por la búsqueda de una sociedad más equitativa, porque permitía comprender que la pobreza no es alguna voluntad divina sino que es el resultado de políticas económicas injustas y por su compromiso por la pervivencia de las luchas de las comunidades donde predomine la justicia social; además por ser uno de los que desenmascararon esa relación entre Estado y paramilitarismo, por documentar el papel de los privados en el conflicto y por aportar a la memoria en la búsqueda de los restos de Camilo Torres.

Un sacerdote que encarnó la esencia de la praxis política de la caridad como una acción liberadora, que trabajó con las comunidades e invitó a mantener vivo el legado del amor eficaz, deja como camino reconocer la importancia de replantearnos cuál es el compromiso ético de modificar las estructuras sociales que causan la opresión, trascender lo que él nombró como la limosna individual y abrazarnos como principio en la construcción de una sociedad distinta y digna.