Por Valentina Urrea Aristizabal
¿Quién es Camilo Torres Restrepo? Si bien cualquier persona pudo, alguna vez en su vida, haber escuchado este nombre, y sobre todo una persona integrante de la Universidad de Antioquia, la figura de Camilo se extiende mucho más allá de las etiquetas que lo rodean. Es por esto que se llevó a cabo el conversatorio Resonancias de Camilo: pensamiento vivo entre la investigación y el arte, como evento agregado de la Semana Universitaria por la Paz, donde dialogaron Nicolás Herrera (escritor, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires especializado en el estudio del archivo de Camilo Torres), Edson Velandia (artista y creador del Festival de La Tigra en Piedecuesta, Santander) y Karen Herrera Aguirre (docente, antropóloga, magíster en ciencias de la información e integrante del colectivo Komuni).
En la Carpa principal, en la Plazoleta Barrientos, Camilo Torres Restrepo volvió a aparecer de muchas formas, no estaba en una fotografía antigua ni en una estatua, sino en los carteles que ocuparon el espacio, en las preguntas de quienes se reunieron a hablar sobre su legado y en las distintas maneras de nombrarlo seis décadas después de su muerte, el espacio se convirtió en un escenario de escucha atenta y reflexión comunitaria. Los ponentes invitaron a la comunidad universitaria y al público asistente a desarmar los prejuicios históricos que han reducido la memoria de Camilo a una sola dimensión, proponiendo en su lugar una relectura integral que conecta la sociología crítica, la pedagogía popular, la creación artística y la ética del Amor eficaz.
La escena hizo parte de la apertura de Camilo Torres Restrepo. 60&100PRE | 60 años / 60 carteles, una exposición gráfica que estará instalada desde el 24 de septiembre del 2026, hasta el 6 de marzo de 2027 en el Teatro universitario, que busca volver sobre la memoria del sacerdote y sociólogo colombiano desde lenguajes distintos a los de la conmemoración tradicional. La muestra y el conversatorio fue convocado por el Colectivo Komuni.
Entre carteles, palabras y recuerdos apareció entonces una pregunta que atraviesa toda esta historia: ¿qué queda de Camilo Torres cuando se le mira más allá de la figura de “el cura guerrillero”? La respuesta no parece estar en una sola imagen. Está, más bien, en las resonancias de una vida que todavía provoca discusiones sobre la investigación social, la educación, la organización popular, la paz y el compromiso con los otros.
Como explicó Nicolás Herrera durante el conversatorio, esta muestra nació tras más de 15 años de investigación y rastreo sistemático de archivos por el mundo. Lejos de concebir los carteles como meros objetos decorativos o nostalgias del pasado, la exposición se plantea bajo el principio de la devolución sistemática del conocimiento formulado por Orlando Fals Borda: los archivos y las imágenes son sujetos vivos que deben retornar a la comunidad para activar la memoria y transformar el presente.
Uno de los núcleos conceptuales más potentes del conversatorio residió en la necesidad de desmontar lo que Nicolás Herrera denominó el “mito fetiche” de Camilo Torres Restrepo. Durante décadas, la narrativa dominante, construida tanto por sus detractores como por lecturas superficiales, encasilló a Camilo exclusivamente bajo el rótulo de “el cura guerrillero”.
Sin embargo, los datos históricos ubicados en diferentes fuentes documentales, incluida la Red Cultural del Banco de la República, Señal Memoria y más, ayudan a desarmar esa mirada tan reduccionista. De sus 37 años de vida (1929-1966), Camilo Torres militó en la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) únicamente durante siete meses en la clandestinidad rural antes de caer en el combate de Patio Cemento en febrero de 1966. Antes de empuñar un arma, Camilo ya llevaba años buscando otras formas de transformar la realidad. Su preocupación por la desigualdad, por las comunidades y por las causas que alimentaban los conflictos lo llevó a participar, desde 1964, en iniciativas de paz y mediación social. Mirarlo únicamente desde la insurgencia es reducir una vida compleja a sus últimos meses, es como si siete meses de clandestinidad se hubiesen impuesto sobre los 37 años que los precedieron, como si su historia comenzara en la selva y terminara con su muerte, y como si todo lo demás, el sociólogo, el educador popular, el investigador de las ciudades, hubiera quedado borrado por el fusil.
También su idea de transformación social resulta más amplia que la violencia revolucionaria con la que suele asociársele. En el centro de su pensamiento estaba el “Amor eficaz”, una forma de entender el compromiso social que no se quedaba en la compasión ni en el discurso, sino que proponía organizarse, estudiar la realidad, planificar y actuar colectivamente. Para Camilo, amar al otro también implicaba construir con otros las condiciones para cambiar aquello que producía la desigualdad.
Para él, también, la caridad cristiana y ese amor al prójimo no podían quedarse en declaraciones abstractas, limosnas o actos de piedad individual. El amor, para ser verdaderamente cristiano, tenía que ser eficaz; es decir, debía apoyarse en la ciencia sociológica, en la planificación rigurosa y en la organización popular para transformar las estructuras injustas que generan el sufrimiento humano.
Karen Herrera y Nicolás Herrera resaltaron cómo esta postura implicó una revolucionaria subversión de las prioridades eclesiásticas tradicionales: Camilo situó el cumplimiento del mandato del amor hacia el prójimo por encima de la doctrina dogmática y los rituales formales. Si los ritos o la estructura eclesial impedían la realización del amor efectivo hacia las mayorías desposeídas, la obligación ética del cristiano era priorizar al ser humano sufriente.
De esta reflexión deriva el concepto de “juntanza”, abordado en el conversatorio por Edson Velandia y Karen Herrera. La juntanza es la práctica cotidiana del Amor eficaz, la reunión de personas en la calle, el barrio, el sindicato o la universidad, donde se reúnan dos o tres, para construir tejido social, superar el individualismo contemporáneo y tejer solidaridad comunitaria. Quizá por eso el problema no está solamente en cómo recordamos a Camilo, sino en todo lo que dejamos de ver cuando lo reducimos a una sola imagen.
El conversatorio tuvo también momentos de profunda emotividad cuando la historia política se cruzó con la memoria viva de las familias colombianas. Edson Velandia compartió el relato de su tío Alfonso, un joven campesino reclutado por el Ejército que combatió en la Quinta Brigada en Patio Cemento aquel 15 de febrero de 1966.
Años más tarde, la ironía y paradoja de la historia colombiana llevó a ese mismo exsoldado a convertirse en líder sindical de los floristeros del Cementerio Central de Bucaramanga y a ser asesinado por su labor organizativa tras lograr la personería jurídica de su sindicato. Esta vivencia motivó a Velandia a componer una canción en la que reivindica la “ingenuidad” de Camilo, no como torpeza política, sino como la entrega amorosa y sincera de quien se niega a acomodarse en los privilegios para poner el cuerpo junto a los desposeídos.
Asimismo, se puso sobre la mesa la significación histórica del hallazgo e inhumación de los restos de Camilo Torres en la capilla de la Universidad Nacional el pasado 15 de febrero de 2026, tras seis décadas de ocultamiento estatal. Durante el evento se rindió un sentido homenaje a la memoria de su madre, Isabel Restrepo, y a la perseverante lucha del sacerdote Javier Giraldo Moreno, referente inagotable en la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de la verdad de las víctimas en Colombia.
El conversatorio en la Plazoleta Barrientos y la exposición 60&100PRE demostraron que evocar a Camilo Torres Restrepo en la Universidad de Antioquia no es un ejercicio de nostalgia o veneración de profundo respeto. Asumir la memoria de Camilo es una urgencia ética para el presente, es una invitación a desarmar los prejuicios, a cultivar la investigación rigurosa puesta al servicio de las comunidades y a sostener la fe en que el amor, cuando es eficaz e informado por la ciencia y el arte, es la fuerza más poderosa para construir una paz justa y duradera.